EL Rincón de Yanka

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jueves, 29 de septiembre de 2016

¡SIEMPRE HABRÁ POESÍA! ADOLFO BÉCQUER - MI VOZ EN EL DESIERTO... YO ROMPO LAS CADENAS...









"¡Siempre Habrá Poesía!"
por Adolfo Bécquer"

RIMA IV

No digáis que agotado su tesoro,
De asuntos falta, enmudeció la lira:
Podrá no haber poetas; 
pero siempre Habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso
Palpiten encendidas;
Mientras el sol las desgarradas nubes
De fuego y oro vista;

Mientras el aire en su regazo lleve
Perfumes y armonías,
Mientras haya en el mundo primavera,
¡Habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
Las fuentes de la vida,
Y en el mar o en el cielo haya un abismo
Que al cálculo resista;

Mientras la humanidad siempre avanzando
No sepa a dó camina;
Mientras haya un misterio para el hombre,
¡Habrá poesía!

Mientras sintamos que se alegra el alma
Sin que los labios rían;
Mientras se llora sin que el llanto acuda
A nublar la pupila;

Mientras el corazón y la cabeza
Batallando prosigan;
Mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡Habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen
Los ojos que los miran;
Mientras responda el labio suspirando
Al labio que suspira;

Mientras sentirse puedan en un beso
Dos almas confundidas;
Mientras exista una mujer hermosa,
¡Habrá poesía!


YO ROMPO LAS CADENAS...

Yo rompo las cadenas,
las amarras del yugo que te oprime,
llegan las horas buenas
del Amor que redime,

Yo libro la batalla, 
la pelea en tu mente y en tus manos,
derribo la muralla
y el cerco del tirano,
mi Aliento arde en el tuyo, soberano.

Me meto en la contienda
y las fuerzas del mal no prevalecen
para que el mundo entienda
que, en Mí, ya reverdecen
los bosque y los prados que florecen.

Yo liberto la vida
que corre por tus venas, impetuosa,
pujante y encendida,
manantial que rebosa
de fuerza arrolladora y poderosa.

Yo libero tu vuelo,
te lanzo a las alturas anheladas
y te regalo el cielo,
fortalezco tus alas
y las dejo en las mías engarzadas. 

Fray Alejandro Ferreirós
Del Libro "Amor Y Exilio"


LIBRO COLECTIVO: "PODEMOS: ¿COMUNISMO, POPULISMO O SOCIALFASCISMO?"


Libro colectivo 
publicado por Pentalfa 
(Oviedo, 2016)

Este opúsculo escrito a cuatro manos es un libro de combate contra la corrupción ideológica circundante. Los cuatro autores pertenecen a esa generación del «cambio» o del «recambio» a la que también pertenecen Pablo Iglesias II, Iñigo Errejón y otros adalides de Podemos. Como advierte Gustavo Bueno Sánchez en el prólogo, el presente libro nace muerto, porque sólo una minoría sabrá de su existencia, pocos se harán con él y muchos menos lo leerán. Pero, en todo caso, recoge una serie de análisis del partido político Podemos que resulta obligado hacer y dejar por escrito.

El propio prologuista comienza la disección del fenómeno Podemos señalando sus antecedentes, que se encuentran, por un lado, en el Centro de Estudios Políticos y Sociales, fundado en el entorno universitario en 1996. Esta institución se ha dedicado durante cerca de veinte años a esparcir la ideología federal-indigenista por Hispanoamérica. Gracias al asesoramiento técnico de sus miembros (entre los que se contaban Juan Carlos Monedero, Luis Alegre, Iñigo Errejón o Pablo Iglesias II), la Constitución bolivariana de Venezuela o la Constitución de Ecuador reconoce a los indígenas como pueblos y el Estado resultante como plurinacional. Curiosamente, la Fundación CEPS cesó discretamente su actividad, e incluso desactivó su sitio web, en marzo de 2016. La otra plataforma sobre la que se aupó Podemos es HispanTV, el canal financiado por la República Islámica de Irán, donde Pablo Iglesias II presentaba su célebre programa.

  


En el primer capítulo, titulado El cambio lampedusiano de Podemos, José Manuel Rodríguez Pardo reconstruye la secuencia de hechos que han acabado con la irrupción de Podemos en el Congreso. Rodríguez Pardo comienza poniendo de relieve el papel que Intereconomía desempeñó a la hora de dar a conocer a Pablo Iglesias, antes de que La Sexta o Cuatro lo invitaran a sus tertulias y antes de que Podemos se constituyera formalmente como partido en marzo de 2014. Pablo Iglesias II y los suyos lograron hacerse con el control del partido, imponiendo una férrea estructura vertical, frente a la estructura horizontal y asamblearia derivada de los círculos morados y el 15M que defendía la alternativa abanderada por Pablo Echenique (curiosamente, la estructuración en círculos posee resonancias falangistas y no es de extrañar que recientemente Sáenz de Ynestrillas haya fundado el Círculo Podemos de Izquierda Falangista). Sin embargo, el «centralismo democrático» que predican, tan caro al leninismo, sólo lo aplican a su partido, no a España, a la que consideran otro Estado plurinacional. Es así que, tras el éxito en las elecciones europeas, autonómicas y municipales, Podemos obtuvo 42 diputados en las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015 (Ciudadanos, el otro partido de nuevo cuño, logró 40), a los que hubo que sumar nada menos que 27 diputados más cosechados por las confluencias y mareas secesionistas. Un resultado que previsiblemente se repetirá y ampliará, tras la fagocitación de los restos de IU, en las elecciones generales del 26 de junio de 2016.

Pero Pardo apunta que los gobiernos de Podemos en Madrid, Barcelona y otras ciudades, producto de la alianza de la nueva casta con la vieja casta representada por el PSOE, han escenificado un cambio lampedusiano: cambiar todo para seguir igual. De momento, la nueva política se ha concretado mediáticamente en una aplicación acelerada de la Ley de Memoria Histórica (donde incluso se ha querido renombrar la calle Comandante Franco, llamada así en honor de Ramón Franco, hermano del dictador, sí, pero más conocido por el vuelo del Plus Ultra, y que aun llegó a ser diputado por ERC durante la II República) y en la prohibición de la tauromaquia (donde se conjugan el animalismo radical y la identificación de los toros como un rasgo identitario español, «facha», a pesar de que «intelectuales de izquierda» como García Lorca o Picasso los reivindicaran).

Rodríguez Pardo interpreta que la propuesta envenenada de máximos –incluyendo el derecho a la secesión- que Pablo Iglesias II hizo a Pedro Sánchez para formar un gobierno progresista tras el 20D, y que muchos analistas políticos despacharon como un alarde de arrogancia y altivez, hay que entenderla como un intento de cerrar filas en Podemos, en un momento en que la amalgama de movimientos que conforman este partido corría riesgo de centrifugarse. En efecto, el pacto in extremis entre Juntos por el Sí y la CUP en Cataluña privó a la confluencia catalanista de Podemos de ir a unas nuevas elecciones ante las que se frotaba las manos. Asimismo, Compromiso se marchaba por esas fechas al Grupo Mixto ante la imposibilidad de que Iglesias cumpliese su promesa de dotarles de grupo parlamentario propio. Es, en suma, el triunfo de la política espectáculo, la «efebocracia» de los sofistas del presente, por decirlo con Tomás García López.


Finalmente, desde México, Ismael Carvallo cierra el libro con un texto que nos presenta la visión que tiene de Podemos desde el otro lado del océano. A su juicio, Podemos es la fase superior del régimen del 78, la expresión más acabada de un sistema en crisis en muchos aspectos: política, economía, educación… Pablo Iglesias II no es Chávez ni Fidel, sino un adolescente rebelde permanente que nunca se ha jugado la vida en una batalla, pero que se resiste a ponerse corbata al tiempo que habla de democracia, antiglobalización, ecologismo, más democracia, asambleísmo, feminismo y una larga rapsodia de «ismos» que conforman –por decirlo con Lenin- esa enfermedad infantil que es el «izquierdismo».

En resumidas cuentas, el lector se encuentra ante un opúsculo y cuatro autores en combate contra esa clase de corrupción no delictiva que es la corrupción ideológica que permea Podemos. Y que no está exenta de graves contradicciones; pues, por ejemplo, Pablo Iglesias II y los suyos critican a los opositores venezolanos por golpistas, por saltarse el orden constitucional bolivariano, y, sin embargo, en España no tienen empacho en aliarse con los neofeudalistas que llaman a la desobediencia civil y persiguen romper el orden establecido proclamando la independencia de ciertas partes formales de España. Los pactos con o contra Podemos tras las elecciones del 26J serán decisivos, porque, como resumió con rotundidad Alfonso Guerra, si el PSOE no se alía con Podemos, desaparecerá el PSOE; pero si se alía con Podemos, desaparecerá España. Lo que quizá muchos de los votantes de Unidos Podemos no calibran es que si el barco en el que vamos todos se hunde, con él se desvanecerá la posibilidad de realizar cualquier política, porque barco hundido no navega.




miércoles, 28 de septiembre de 2016

LIBRO Y PELÍCULA "UN MONSTRUO VIENE A VERME". EL MIEDO A ENFRENTARSE CON LA VERDAD























Si dices la verdad -le susurró el monstruo al oído-, 
podrás enfrentarte a todo lo que venga.

-Es solo un sueño -dijo otra vez. 
-Pero ¿Qué es un sueño? (...) 
¿Quién dice que no es todo lo demás 
lo que es un sueño?

Tu mente se creerá las mentiras piadosas 
pero conoce también las verdades que duelen 
y que hacen que esas mentiras sean necesarias. 
Y tu mente te castigará por creer ambas cosas.

Tu vida no la escribes con palabras 
—dijo el monstruo—. 
La escribes con acciones. 
Lo que piensas no es importante. 
Lo único importante es lo que haces.

«Había una vez un hombre invisible 
que se había cansado de que no le vieran. 
No es que realmente fuera invisible, 
es que la gente se había acostumbrado a no verle. 
Un día el hombre invisible 
ya no pudo soportarlo más. 
No dejaba de preguntarse… 
“si nadie me ve, ¿de verdad existo?”», 
explica el monstruo. 

«¿Y qué hizo el hombre invisible?», 
pregunta el niño. 
«Llamó a un monstruo…».




Siempre he pensado que el dolor es el sentimiento más íntimo que hay; la culpa, el más vergonzoso. Intimidad y vergüenza, nada más pudoroso para vivir en soledad, para aislarnos de nuestro entorno, para tornarnos en seres invisibles. Dolor y culpa, pequeñas semillas que germinan en nosotros y que se nutren mutuamente, van expandiéndose poco a poco y nos invaden por completo. Necesitarían aire para crecer sanamente, pero las mantenemos escondidas en lo más íntimo de nuestro ser. Se pudren y dan un fruto amargo que nos paraliza y aísla aún más, el miedo.

Dolor, culpa y miedo. Estos son los sentimientos que atenazan a Conor, protagonista de"Un monstruo viene a verme". Estas emociones cristalizan en una pesadilla que este niño de trece años sufre desde que comprende que su madre está enferma. Por si no tuviese bastante con el escalofriante sueño que padece noche tras noches, ahora Conor recibe también la visita de un monstruo. Un monstruo que quiere de él lo que más le duele, un monstruo que le pide lo que más vergüenza le da admitir, un monstruo que le exige lo que más miedo le produce en el mundo: la verdad.

A partir de una idea original de Siobhan Dowd, Patrick Ness construye una bella historia a modo de cuento sobre el valor de enfrentar nuestros propios monstruos. Y lo hace utilizando la treta más vieja del mundo, contando historias:
"-Las historias son lo más salvaje de todo -tronó la voz del monstruo-. Las historias persiguen y muerden y cazan."
Y así, cuando las historias que el monstruo cuenta a Conor en sus visitas y que Ness nos regala a nosotros en esta pequeña gran novela, nos persiguen, nos muerden y nos cazan, Conor no tendrá más remedio que narrar a la vez su historia, su verdad, y a nosotros no nos quedará otra alternativa que rendirnos ante el admirable, sutil, sencillo y a la par mágico proceder del que se sirve este autor para mostrarnos el arduo camino hacia nuestra absolución. Así es, pajaritos, el monstruo y el escritor estadounidense afincado en Londres recurren a las historias como vehículo transmisor de enseñanzas, y nos ofrecen en una clase magistral la lección más difícil, esa de la que nadie quiere examinarse por temor a no salir airoso, la de aprender a aceptarse y a ser indulgentes con uno mismo. Y os aseguro que a su término seréis más de uno los que os sentiréis con fuerza de presentaros al examen y aprobar con nota. Lástima que en la vida real se nos olviden tantas veces las lecciones una vez superada la prueba, lo que hace de este libro una excelente lectura a la que siempre volver.

¿Os acordáis de la reseña de "Algo asombroso", esa en la que hablábamos del poder de las historias? ¿Recordáis que os comenté los magníficos relatos que contenía pero que me fallaba quizás el conjunto de la novela? Pues bien, he descubierto donde radica ese fallo. "Algo asombroso" no es más que una excusa para agrupar unas excelentes narraciones que deberían haber constituido un libro de relatos y no una novela. En cambio, en "Un monstruo viene a verme" son las historias las que están al servicio de la novela y no al revés, y en este caso sí que podemos apreciar en toda su dimensión el arrebatador y milagroso poder de las historias.

Pero no sólo de cuentos está hecha esta pequeña joya. Los cuentos no son más que la salida de emergencia que la imaginación de Conor ofrece a su dura realidad diaria. Una realidad que consiste en una madre batallando contra la enfermedad, un padre ausente, una difícil relación con su abuela, un soportado acoso escolar y una huida de las miradas de lástima de sus profesores y compañeros. Patrick Ness expone con naturalidad y realismo los retos diarios del protagonista, y aunque utiliza para ello la tercera persona, lo hace siempre desde el punto de vista de este preadolescente.








KEANE PONE BANDA SONORA A ‘UN MONSTRUO VIENE A VERME’ 

CON ‘TEAR UP THIS TOWN’




COMO EL COLOR DE LA SANGRE QUE POR TI SE DERRAMÓ






Como el Color de la Sangre
Alex Campos

Si acaso ya no vuelves, tal vez.
Recuerda lo que te dije ayer
Cuando de niño yo te formé.
Tus ojos yo nunca olvidaré. 
Cuando a la luna yo te lleve
Aunque lejos te hayas ido 
Y de la tormenta yo te cuide
y se pare tu amor 

El lucero de este cielo,
Mi amor siempre incansable. 
Luchará a tu favor. 
Y si niegas mi existencia,
lo que yo siento por vos. 
Como el color de la sangre
te dirá que aquí estoy yo. 
Te dirá que soy tan cierto 
como lo es tu corazón. 

Fue por este amor que callé.
Si acaso ya no vuelves, tal vez. 
No olvides que siempre yo te amé. 
Mi vida por ti yo entregué. 
Vuélvete a mi, te esperaré. 
El reino de mi padre dejé. 
Y en busca de tu amor yo zarpé. 
No hay que temer 
Te cuidaré, Aquí estaré. 

lo que yo siento por vos. 
Aunque lejos te hayas ido 
Y se pare tu amor. 
Mi amor siempre incansable. 
Luchará a tu favor. 
Y si niegas mi existencia 
Como el color de de la sangre 
que por ti se derramó. 

El lucero de este cielo te dirá 
que aquí estoy yo. 
Te dirá que soy tan cierto 
como lo es tu corazón. 
que el silencio canto yo.
Como el amor de aquel padre 
que su hijo entregó. 
Como lo es esta canción






martes, 27 de septiembre de 2016

LIBRO "PEREGRINAR A SANTIAGO DE COMPOSTELA EN LA EDAD MEDIA"

























PEREGRINAR A COMPOSTELA 
EN LA EDAD MEDIA
Bajo el título "Peregrinar a Compostela en la Edad Media", un libro que habla sobre la historia del legendario camino jacobeo y el fenómeno de las peregrinaciones.El historiador Jaime Nuño y el ilustrador historiador Chema Román cuentan en sus páginas los motivos que impulsaban a las personas a realizar el viaje, los peligros que sorteaban, y los pormenores del día a día del caminante.  Los peregrinos de aquella época no contaban con la información que tienen los peregrinos en la actualidad. El historiador explica esa tesis con un ejemplo: “Es como si ahora mismo alguien quisiera atravesar África de norte a sur sin un mapa”.Fue editada por la Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico, institución que trabaja por iniciativas que promuevan el patrimonio natural, social y cultural de España.
Peregrinar a Santiago de Compostela en la Edad Media, un camino peligroso, de devoción y sin GPS.
"El peregrino podía toparse con tumultos o guerras, con barqueros codiciosos y un enjambre de oportunistas; se arriesgaba a tomar agua y alimentos a los que no estaba acostumbrado, a enfrentarse a enfermedades, accidentes o extravíos", indican los autores en el libro. También había hospitales en las diferentes rutas aunque no como se conocen hoy en día. Se trataba de edificios orientados a acoger a niños huérfanos, viudas, pobres y peregrinos. Allí, los caminantes recibían algo de pan, vino y una cama donde dormir. Una persona sana podía recorrer una media de 30 kilómetros al día -o hasta 100 si iba a caballo- y los itinerarios eran muy desiguales.

En cuanto a los motivos, el principal era la religiosidad, al igual que en la actualidad -el 47% lo siguen haciendo por esta razón exclusivamente-, aunque los peregrinos medievales eran más devotos y muchas veces se desviaban del camino para visitar santuarios cercanos en los que venerar reliquias de algunos santos esperando que les concedieran un milagro. Tal y como se puede leer en el libro, "hacer tal viaje aportaba una compensación espiritual enorme, además de un caudal de de experiencias que hacían del peregrino un auténtico héroe, modelo de valentía y virtud".

Según los últimos datos de la Oficina del Peregrino, en el mes de julio de 2016, Jubileo de la Misericordia, llegaron a Santiago 45.483 peregrinos, frente a los 42.472 del anterior Año Santo, una tendencia que se repite mes a mes. En total, en lo que va de año, han realizado el camino más de 146.500 peregrinos. Se espera que se bata el récord histórico alcanzado en el Año Santo 2010 cuando 272.135 peregrinos llegaron a la tumba del Apóstol.

La fe y la espiritualidad medievales constituyen la explicación de uno de los fenómenos más extendidos en el viejo continente: las peregrinaciones. La peregrinación jacobea, en su origen, tiene hondas raíces religiosas y no puede entenderse fuera de ese contexto espiritual del medievo. La tradición del Camino de Santiago, arrancó en la Alta Edad Media (s. IX-XIII) pero aún en nuestra sociedad occidental del consumo y el bienestar, llena con fuerza, un hueco espiritual importante.
En el contexto actual, se hace difícil reflexionar acerca de los motivos que iniciaron las peregrinaciones jacobeas y sobre los factores que ayudaron a su consolidación. Cuesta imaginar las dificultades que presentaba la ruta para el peregrino medieval o los servicios que éste hallaba a lo largo del camino, e incluso es difícil pensar en las motivaciones que podían llevarle a iniciar un viaje tan incierto y complicado.

El Camino de Santiago en la Edad Media
El Camino de Santiago ha significado en la historia europea uno de los primeros elementos vertebradores del viejo continente. El hallazgo del sepulcro del primer apóstol mártir en el siglo IX supuso encontrar un punto de referencia que contribuyó a la consolidación de los territorios conquistados por las emergentes monarquías cristianas, además de abrir diferentes vías de conexión con la Europa cristiana y con el mundo musulmán de Al-Andalus.
La ruta jacobea históricamente representa una importancia económica, cultural, artística, urbanística, articuladora del territorio, y otros muchos aspectos.
El mundo medieval

Hacia el año 776, un monje de Liébana, Beato, extraordinariamente importante en la vida del reino astur, redactaba unos Comentarios al Apocalipsis de san Juan, uno de los libros más leídos, copiados y difundidos de la Alta Edad Media europea, del que se poseen bastantes ejemplares fechados entre los siglos X y XIII. En él se afirma, recogiendo la tradición contenida en el Breviarium apostolorum, la predicación de Santiago en España, noticia por entonces difundida por toda la Cristiandad y, de hecho, recogida en diversos códices, desde el Sinaí y Africa a las Galias y Germania.

Tras la caída de Roma, una Europa occidental fragmentada recuperó poco a poco la unidad a través del cristianismo. La nueva creencia promovió la idea del homo viator, un hombre que viajaba incansablemente en busca del Paraíso y la vida eterna. Su cosmovisión diferenciaba un mundo conocido, el existente alrededor del Mediterráneo, de otro misterioso lleno de monstruos y seres extraños. El viajero que se aventuraba en esas tierras lejanas, con nombres de reinos bíblicos, nunca volvía. Un océano exterior rodeaba los tres continentes. La búsqueda de la salvación eterna y de nuevos mercados más allá de las tierras conocidas contribuyó a dibujar, con el paso del tiempo, el mapa del mundo que hoy conocemos.
Santiago de Compostela se convierte en centro de peregrinación cristiana con los cambios que se estaban produciendo en la Península.

Sobre el origen del camino
El origen del Camino de Santiago es difícil de precisar, unas veces por el carácter legendario de los relatos, otras por las incertidumbres de los cronistas de la época. Sin embargo, la historia del descubrimiento de la tumba fue rápidamente divulgada y aceptada por la sociedad de la Alta Edad Media.
En este ámbito se presenta una revisión de los hechos, mitad históricos, mitad legendarios, que condujeron al establecimiento de Santiago de Compostela como lugar de peregrinación. Entre estos hechos se destacan tres momentos importantes: la muerte y decapitación del apóstol en Judea, donde había regresado tras predicar en tierras hispanas; el posterior robo y traslado de su cuerpo (translatio) de Palestina a Galicia en una barca de piedra; y el descubrimiento del sepulcro (inventio) por el eremita Pelayo y el obispo de Iria Flavia Teodomiro.
La construcción del camino

Entre los siglos IX y XIII, antes de convertirse en una ruta exclusivamente religiosa, el camino servía también para intereses políticos. Los nuevos reinos cristianos vieron en el descubrimiento de la tumba de Santiago y la peregrinación una forma de consolidar los territorios reconquistados, a la vez que aseguraban su hegemonía con la unión del poder civil y el religioso.
En este ámbito, los personajes que contribuyeron decisivamente a consolidar la ruta jacobea, van desde Alfonso II, artífice de las primeras peregrinaciones, hasta los Reyes Católicos, cuyo reinado coincidió con el fin del esplendor del camino. Asimismo, se habla de la consolidación de la devoción al apóstol a través de las distintas imágenes que existen de Santiago: Santiago magister, sedente y majestuoso; Santiago peregrino, con sus atributos ?sombrero, bordón y morral; y Santiago caballero, armado sobre un caballo blanco. Existían diferentes tipos de peregrino, segun sus lugares de procedencia y los objetos más característicos que llevaban con ellos, como el morral, el bordón o la vieira.

Un camino de vida
El camino fue en la Edad Media una vía densamente transitada. Generó una gran diversidad de actividades e intercambios. Todo este movimiento provocó que las poblaciones por las que pasaba el camino se convirtieran en mercados de mayor o menor importancia, donde los productos locales se intercambiaban por aquellos que venían de otras tierras.
Para el éxito del Camino de Santiago no bastaba con la protección ideológica y política, hacía falta también un esfuerzo a la hora de dotarlo de las infraestructuras necesarias. La peregrinación a Santiago impulsó de forma espontánea y sin planificación la construcción de una importante red de caminos, que rápidamente fue modificada y adaptada, configurando un sistema de vías rápidas y seguras, equipadas con sus correspondientes servicios (hospitales, posadas, etc.) y también con sus peajes, pasos fronterizos y centros de control.

Sin negar la relevancia de muchos de los monumentos que se encuentran en el Camino de Santiago, la catedral compostelana merece un capítulo aparte. Estrechamente vinculada al arte del camino francés por su decoración escultórica y su arquitectura, constituye el máximo exponente de lo que ha sido definido como iglesia de peregrinación. La percepción de la catedral medieval por parte del peregrino se producía desde un monte situado en las afueras, donde por primera vez se divisaba el lugar sagrado que se iba a visitar. Este montes gaudii significaba un punto de inflexión en la ruta, ya que desde allí los peregrinos que la recorrían a caballo continuaban a pie y, en algunos casos, incluso descalzos.





lunes, 26 de septiembre de 2016

CON EL TIEMPO... ENTIENDES QUE

Con el tiempo 
Jesús Quintero

Soy el loco de la colina. Mi territorio es la noche. Mi compañía eres tú. Mi sueño un mundo limpio, sin basura, donde el ser humano sea la medida de todas las cosas. Amo todo lo que nos ayuda a crecer. Odio el odio y todo lo que nos empequeñece y nos denigra. Me gusta hablar, pero desprecio la palabrería.
Con el tiempo… entiendes que los verdaderos amigos son contados y que el que lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado de amistades falsas.

Con el tiempo… aprendes que disculpar, cualquiera lo hace, pero perdonar eso es solo cosa de almas grandes.

Con el tiempo… comprendes que si has herido a un amigo duramente muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.

Con el tiempo… te darás cuenta que, aunque seas feliz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos a quienes dejaste ir.

Con el tiempo… te darás cuenta de que cada experiencia vivida, con cada persona, es irrepetible.

Con el tiempo… comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen, ocasionará que al fin no sean como esperabas.
Con el tiempo… te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estás viviendo. Justo este instante. Pero, desafortunádamente, solo con el tiempo, uno aprende.
Estoy y quiero vivir como si no tuviera nada que perder, como si cada día fuera el último, como si siempre estuviera a partir la nave que nunca ha de tornar.

Quiero besar como si cada beso fuera el último.
Quiero gozar como si cada gozo fuera el último. La última copa de vino, la última noche de amor, el último paseo por las calles de Sevilla, la última canción, las últimas palabras.
Cuando a uno le da igual perderlo todo, desaparecen los miedos, las cadenas, las ataduras, los compromisos, la timidez…el miedo.
Cuando uno está dispuesto a perderlo todo empieza a estar en condiciones de ganarlo todo. 
¿Qué es todo?, el valor, la sinceridad, la autenticidad, la claridad, la libertad…el camino, la verdad y la vida… que decía mi tocayo.
Quiero vivir de acuerdo conmigo mismo, de eso es de lo que se trata, hermano.



Pasarán el paro, el hambre, la injusticia, la violencia, la carrera de armamentos, los bloques, los días y las noches de miedo y de miseria.

Pasarán la incomprensión, la intolerancia, el fanatismo, los valores eternos, los deberes, las órdenes, las leyes...

Pasarán los hombres cuyo nombre hoy es inevitable y las causas por las que se nos pide trabajar sin descanso y morir si es preciso.



Los Estados Unidos y la URSS pasarán como pasaron otros imperios, caerán como cayeron Persia, Roma o Cartago.
Pasarán las naciones y sus sagrados símbolos.
Pasarán los ejércitos, las guerras, las fronteras.
Pasarán la crisis, todas las crisis.

No hay tragedia que dure eternamente ni fiesta que no acabe.
Paciencia, hermano, sólo es cuestión de tiempo. Todo esto pasará... aunque ni tú ni nadie pueda tal vez contarlo.

Hoy he oído cantar a los pájaros, he respirado el aroma de las flores, he paseado a mi antojo por las calles y por los parques, he sonreído y me han sonreído, he estrechado amistosas manos y me han besado. Hoy he recibido mi ración de amistad, de amor, de libertad, de poesía y de belleza. Si no soy feliz es porque pienso es porque pienso que tal vez tú no has tenido la misma suerte en el reparto. Para que no te acuestes en ayunas, me gustaría que me dejaras compartir contigo mi parte. Hoy soy rico.

Creo en la libertad todopoderosa hija de la inteligencia y de la imaginación.

Creo en la constitución que es como las grandes escrituras de los demócratas.

Creo en un mundo sin guerras, sin cárceles.

Creo en el amor y sinceramente creo que no hay límites, ni fronteras, ni códigos para dos seres que se unen en una vida o en una habitación.
Creo en la paz y creo en un mundo futuro en el que salgan claveles del tallo de los misiles y en el que los niños puedan jugar sobre sus tanques de juguete aunque sean tanques de verdad. 
Creo que todos los seres humanos del mundo tienen derecho a la paz, al pan, a la educación, sean andaluces o catalanes, negros o blancos, chinos o cheyennes.
Creo en la alegría del vino.
En la fuerza revolucionaria de la palabra y de la poesía. 
Y en la necesidad de la cultura como un camino hacia la libertad.
Y creo en otra televisión de la que te estamos dando.
Y creo que una piedra si se le habla con amor responde.
Creo que el fondo de los mares es para el coral y no para los submarinos nucleares.
Creo que la luna debe seguir siendo para los enamorados, no para bases de lanzamiento.
Creo que la Tierra debe seguir siendo el tercer planeta del Sistema Solar y no un hueco vacío en el espacio.
Por todo lo dicho...por todo lo dicho,creo que soy el loco de la colina.
Y tú que crees?



Vivir: he ahí la consigna. 
No desaprovechar ni un solo momento de la vida. 
Vivir intensamente, voluptuosamente abierto a todo. 
Vivir por los ojos, por los oídos, por la boca, por la piel... Vivir con el cerebro, con el corazón, con la imaginación, con la fantasía... 

Vivir el arte y vivir la vida. 
Vivir la realidad y los sueños. 
Amarlo todo, besarlo todo, acariciarlo todo, probarlo todo, sentirlo todo, mirarlo todo, leerlo todo, tratar de comprenderlo todo... 
Vivir: he ahí la consigna. 
Vivir, vivir, vivir, hasta morirla.


Te aseguro, te aseguro que cuando hablo de soledad, de depresión, de incomprensión, de angustia, de dolor, o de rabia… no hablo de oídas.
Por suerte o por desgracia, sé lo que estoy diciendo porque todo eso y más lo he padecido yo en mi propia carne.

No estoy con los que sufren solamente por solidaridad sino también y sobre todo por compañerismo porque pertenecen a la misma tribu que yo.
Sé por experiencia lo que es sentirse como en un desierto en una ciudad de miles o de millones de habitantes.

Sé lo que es estar solo entre la gente.
Sé lo que es esperar y desesperar.

Conozco el sabor de la traición y del desengaño, del desamor, del miedo.
Le he visto las orejas al lobo de la enfermedad y del dolor.

He vivido sin dinero.
He visto morirse amores que parecían eternos y amistades de toda la vida. Ya tú sabes.
Conozco el vicio y sus tentáculos.

Sé lo que es volver a casa con los bolsillos vacíos y conozco los demonios de la resaca y del remordimiento.
He padecido los abusos del poder.

He sido agredido y he visto el odio, el odio pintado en unos ojos que me miraban.
Conozco los aledaños de la locura, que he puesto mi coche a más de ciento ochenta kilómetros por hora en una carretera sobre el precipicio y me he asomado al balcón con intenciones negras.

Sé lo que es acurrucarse en un rincón y esperar a que llegue el fin del mundo. Sé lo que es no desear nada, no esperar nada, no creer en nada, no alegrarse ni conmoverse por nada.
Sé lo que es sentirse como un muerto.

He conocido todas las hambres y esa sed que no se sacia con el agua. No hablo de oídas...
Por suerte o por desgracia, también a mí me ha tocado mi ración de sufrimiento.
No estoy con los ojos que sufren por caridad, sino porque me considero otro más entre ellos.

Estoy contigo porque, porque te miro y te siento como un compañero, como un compañero de fatigas.

VER+:


domingo, 25 de septiembre de 2016

PARA CUÁNDO IGLESIAS PORTAAVIONES, Y TRAER GENTE A LA IGLESIA O VICEVERSA


¿Para cuándo iglesias portaaviones?

Doug Spada, fundador de Worklife, una organización cristiana que promueve la vivencia de la fe en el trabajo secular, describe un nuevo paradigma de iglesias consistente en pasar de ser cruceros aportaaviones.

La idea es simple, estamos acostumbrados a las iglesias crucero, en donde la gente viene a recibir, pero la verdadera esencia de la iglesia es salir, por lo que la cuestión es si somos capaces de cambiar y convertirnos en portaaviones.

Dicho de otra manera, una conversión pastoral como la que nos pide la Iglesia en este momento, requiere de un cambio de paradigma.
¿Cuál ha sido el paradigma reinante hasta hace nada? : pues que la iglesia existe para santificar. Como me decía un vicario general: a mi me educaron para santificar, no para evangelizar.
Bajo este modelo la mejor de las parroquias es la que más gente acomoda un domingo, y la mejor de las experiencias religiosas es la que sucede cuando todo el mundo se dedica a rezar. Pero como dice por activa y por pasiva Rick Warren, el éxito de una iglesia se mide no por la gente que acomoda el domingo, sino por la gente que envía.

En el pasado Sínodo para la Nueva Evangelización, el cual el papa Benedicto XVI abrió con una homilía en la que afirmó el retorno al paradigma primigenio: “la iglesia existe para evangelizar”, se pudo observar la convivencia de estos dos paradigmas en la Iglesia.

Para algunos padres sinodales la Nueva Evangelización era simplemente santificar más y mejor, abrir más las iglesias, confesar más, decir más misas, etc,etc. Es normal que la gente opere bajo los parámetros en los que ha sido educada, y escuchando cosas así yo me pregunto hasta qué edad puede uno cambiar de paradigma en esta vida. A mi me gustaría conservar la frescura siempre y no ser esclavo de mi propio carisma, de mi formación, o de mis costumbres, para llegado el momento poder seguir adaptándome al cambio constante que pide Dios (“he aquí que hago nuevas todas las cosas” (Ap 21,15)

¿En qué consiste el cambio de paradigma entonces?

El papa Francisco habla de una iglesia en salida, una iglesia en las periferias, una conversión pastoral...yo creo que no hemos asimilado todavía ni el 10% de lo que conlleva un cambio así. El paradigma es pasar de una iglesia de llegada, a una de salida. El paradigma es la evangelización.
Si asimiláramos lo que significa una iglesia en salida empezaríamos a cerrar parroquias, liberar sacerdotes de la santificación para que se dediquen a la evangelización, promover piedras vivas en vez de edificios, liberar laicos y discipular conversos.
Hay diócesis que ya lo hacen, pero es muy diferente hacerlo por necesidad, por la fuerza de los hechos cuando viene la insostenibilidad humana o económica, que hacerlo porque tenemos visión de conjunto.

Uno no construye un portaaviones con los restos de un crucero desarbolado y sin apenas tripulación cuando ya se ha quedado sin gente. Para hacer un gran buque hacen falta planes, hacen falta obreros, hace falta inversión. Hay que formar gente que sepa hacer algo distinto a navegar, hay que traer gente de otras ramas del ejército como son los pilotos de avión que en principio no estaban diseñados para estar en el mar. Hay que pensar en soluciones nuevas, protagonistas nuevos, y entender que el portaaviones está en función de salir fuera porque su razón de ser es convertirse en una base flotante que responda con movilidad a las cambiantes necesidades estratégicas.

Los portaaviones son una inversión a medio y largo plazo, y no simplemente una operación de maquillaje de un crucero a corto plazo. Porque el crucero ni tiene la eslora, ni la capacidad, y por más que queramos reconvertir a la Nueva Evangelización estructuras caducas que no fueron diseñadas para ella sino para santificar, aunque la mona se vista de seda, en mona se queda.
La idea de un nuevo paradigma es de lo más sugerente, porque nos da la clave explicativa necesaria a nivel de visión para realizar los cambios consecuentes. Como dice la Escritura “donde no hay visión, el pueblo perece” (Prob. 29,18). 
Cuanto antes entendamos que el Papa que tenemos no es una improvisación, sino que es la culminación de un cambio de paradigma que se remonta a la Lumen Gentium y tiene como carta magna la Evangelli Nuntiandii, más pronto podremos pasar del paradigma a sus consecuencias y entender que una iglesia en salida no es simplemente salir de excursión del crucero a pescar más pasajeros.
Cada vez me convenzo más de que el mayor enemigo de la evangelización somos nosotros mismos. Ni la agresiva cultura secular, ni la persecución, ni la falta de recursos. Es nuestra propia cortedad de miras, la falta de radicalidad y consecuencia, la simple falta de escucha de lo que la Iglesia está diciendo.
Somos como esas señoras que lo acumulan todo, no queremos descartar nada, y no somos capaces de entender lo que el cambio de paradigma nos propone porque simplemente estamos demasiado ocupados haciendo mil cosas que objetivamente no evangelizan. Y vaya si nos duelen prendas a la hora de deshacernos de ellas. Nos dan insatisfacción, pero no somos capaces de tirarlas por la borda.

Hay gente meritoria, sí, que empieza a operar un crucero con mentalidad de portaaviones. Hacen sus dos o tres excursiones evangelizadoras, pero esencialmente siguen trabajando para un crucero. Es verdad que no es culpa de ellos, muchas veces es dónde les han puesto, y no está en su mano vender diez cruceros y comprarse un portaaviones nuevo. Pero eso no les exime de la responsabilidad de hacer ver a sus superiores que no están trabajando en el paradigma adecuado, el que les pide la superioridad más alta.

En fin…¿para cuándo parroquias portaaviones? 
¿Para cuando una pastoral bajo un paradigma postmoderno y a la vez eterno? 
¿Cuándo empezaremos a valorar las parroquias por la gente que envían, no por la gente que acomodan? ¿Cuándo y cómo veremos la Nueva Evangelización despegar como un proyecto sólido a medio plazo que dé los pasos necesarios y no como una operación “vamos todos a la calle” de una tarde al mes?

Ha llovido mucho desde el sueño de don Bosco sobre la nave de la iglesia...si tuviéramos mil don boscos hoy en día, ¿qué tipo de barco sería aquel con el que soñarían para representar la nave de la Iglesia?


  Traer gente a la iglesia vs. 
traer la iglesia a la gente


¿Se han dado cuenta de que el 95% de las actividades que llamamos de Nueva Evangelización consisten en traer a la gente a la iglesia?
Ya sea en una evangelización nocturna, haciendo unas misiones populares, o predicando desde el púlpito a los que ya están dentro, parece que todo se trata en traer a la gente a lo nuestro.
Obviemos el hecho de que vamos hacia una iglesia tipo síndrome de Mr. Bean y Amo a Laura que empiezan a ser una triste realidad descrita profécticamente por la parodia, en vez de una mofa malintencionada que deforma una realidad pujante.

Lo cierto es que aunque fuéramos la más atractiva de las iglesias, con las más atractivas de las personas dentro, todavía habría algo mal planteado en una evangelización que se concibe como traer a los de fuera adentro de la Iglesia.
Si el papa nos pide ser una Iglesia en salida, ¿cómo es que seguimos siendo una iglesia de llegada? ¿Cómo podemos dormir tranquilos con una oveja en el redil teniendo noventa y nueve fuera? ¿En qué mente cabe pensar que una parroquia de éxito es la que acomoda más gente el domingo y no la que más gente envía?
Seguimos pensando que el éxito de la evangelización es que la gente vuelva a la iglesia, y así nos va.
Una iglesia que no hace primero una operación de autoevaluación, la que nos pedían los lineamenta y deja abierta la Evangelii Gaudium, difícilmente se puede poner a evangelizar porque en el mejor de los casos traerá a la gente de visita pero en absoluto estará en condiciones de dar nada sustancioso porque le falta lo más fundamental, ya que está inmersa en una crisis de fe e identidad.
Resuelto el problema de fe e identidad, no hay que lanzarse precipitadamente a evangelizar. Una Iglesia que vive en un desfase más que evidente con la cultura dominante (como explicó Mons. Dominique Rey en Manresa) debe preguntarse primero si sus edificios, espacios y simbologías están codificados en unas claves culturales inteligibles para los sujetos a los que pretende llegar.
Más allá de los espacios están las piedras vivas que harán la evangelización. Una iglesia que se ocupa en misiones, planes y proyectos de pastoral sin preocuparse por el hecho de no tener a las personas adecuadas para llevarlos a cabo, ni sostener e invertir en las que sí que podrían hacerlo, será el enésimo papel mojado que no tendrá resultados y del cual ni siquiera se hará revisión.
¿Qué hombre de vosotros, si tiene cien ovejas y una de ellas se pierde, no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la que está perdida hasta que la halla? Lc 15,4
Como ven el problema es mucho más complejo que la dicotomía del título, traer a la gente a la iglesia, versus traer la iglesia a la gente.
No basta con salir de mentirijillas para traer gente dentro. Tampoco sería suficiente salir de corazón, a tumba abierta, y perderse por los caminos del mundo para acabar secularizados como les pasó a tantos en el postconcilio.
Hace falta redescubrir nuestra identidad más profunda en Cristo, la que nos edifica como Iglesia y nos hace misioneros una vez que hemos sido hechos discípulos.

Yo sé que esto no es fácil de entender ni de digerir.

Si queremos llegar afuera, primero tendremos que llegar adentro, al núcleo de la fe, a la experiencia primera, a Jesucristo. Es pura lógica: si no estamos dando a Jesucristo, la primera pregunta es si acaso no será que no lo tenemos suficientemente agarrado, y más nos vale asirnos de su orla si queremos ir a algún lado.
Si queremos llegar a los de fuera no podemos pretender que entren en una casa, la de la evangelización, el discipulado y la misión, que lleva años sin limpiarse, sin renovarse, y cuyas maneras y cuyo liderazgo son los que nos han llevado a la crisis actual.
Si queremos llegar a los de fuera tendremos que arriesgarnos a salir fuera nosotros también, ponernos de reformas y quedarnos en la calle mientras tanto, a ver si en el proceso se nos quitan algunas de las adherencias y anquilosidades que se nos han generado a base de llevar tanto tiempo dentro.

La palabra misa, tiene como origen en el latín missa, término usado por lo menos desde el tiempo de Constantino (siglo IV d. de C.). El vocablo latino fue tomado de la fórmula final del oficio religioso: Ite, missa est; habitualmente traducido en forma incorrecta como «podéis iros, la misa ha terminado». En efecto, en esta fórmula litúrgica, missa es el participio pasivo del verbo mittere, missio
 ‘enviar’.

En definitiva, hace falta una iglesia afuera, en salida, que se reencuentre consigo misma en las periferias, no una iglesia autorreferencial y nostálgica de tiempos mejores donde traer a los cuatro despistados que aún se prestan a pisar una reliquia del pasado.
Y aunque parezca paradójico, el día en que hagamos esto, será cuando se vuelvan a llenar las iglesias, cuando a ellas lleguen conversos, y no simples turistas, pseudoevangelizados o despistados anacrónicos, que parece que es lo único que conseguimos atraer hoy en día.
Porque ojo, no es lo mismo traer a alguien a la iglesia con minúsculas, que traer a alguien a la Iglesia con mayúsculas.
Lo primero puede ser traer a alguien a un edificio, a un grupo pío, a una actividad o una celebración; lo segundo es traer a una persona de la vida a la muerte, de la condenación del pecado a la salvación en Cristo...y para eso existe la Iglesia, para dar vida y darla en abundancia...y eso en una palabra es la evangelización.


VER+:


“Debemos ser pescadores de hombres, 
no guardianes del acuario” 
Mike Francen


Una visión - Hermanas Abreu